Que insensible que es el día. 

Aun así amaneció con resaca de vieja noche y sus lamentos, sus lágrimas aun por secar.

Pero nada puede con el imponente día. Con su luz. Con su ahora tibia calor. Sus rayos y esperanzas… Que dejan atrás cualquier atisbo de flaqueza… 

La noche y el día. Antagonismo de la misma cara de la moneda. Según con la luz que la alumbre. Aun así, el día sabe que vieja noche no está bien… Y espesas nubes atropellan su energía, cubren el cielo y lo tapan por doquier, chubascos del alma, por el recuerdo vivido, por los suspiros robados, por la ilusión de algún mañana.

Vendrán tiempos mejores. También peores.

Imparable el tiempo, que nos da «chances» de torear en cualquier plaza, aunque odiemos los bravos novillos, aunque no entendamos que también se puede ser feliz en la templanza.

Oí una genial frase gratuita que me encantó: «Los recuerdos son una hermosa droga».

Día vive en el recuerdo añorando el pasado, tratando de labrar un futuro que probablemente no vendrá.

Noche muere en la amargura de pensar que algunos recuerdos sólo fueron fruto de su mente. De olvidar esos recuerdos creyendo que el presente era un mañana sin fin. Pero no está acabada vieja noche. En sus horas puede aprender. En su tristeza debe mirar al futuro. Sabe que al final vendrá día y le robará su deseo. Es una lucha imposible en la que no hay vencedor ni vencido. Por que cada rato el vencido se torna vencedor. Y el vencedor acaba dándose por vencido.

El día ríe, ha aprendido la lección, aunque eso no le permita ser feliz por que sabe que al atardecer, debe dar su brazo a torcer, debe, de nuevo, dejarse vencer por vieja noche que, no importa esté demacrada, …, tiene su tiempo, puede existir. 

Y en una noche eterna…

Sólo un looser puede ser día.

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