La diferencia entre triunfar o fracasar no es, en general, una cuestión de aptitudes. Aunque no la única, la característica clave de los triunfadores es su altísima capacidad de manipulación.

En escuelas de negocios hablarán de las «aptitudes» de los líderes …. empatía, saber trabajar con distintos perfiles, dar retroalimentación y recibirla, reconocer méritos, inteligencia emocional, saber pedir ayuda, ser líder con el ejemplo, conocerse a si mismos, fomentar adecuadamente la creatividad, desafiar a sus ideas, observar y adaptarse a su entorno y necesidades, apreciar la diversidad y sacarle provecho, aceptar el fracaso, ser curiosos y divertirse con sus objetivos…. 

P A P A R R U C H A S

Me encanta esa palabra… Paparruchas! Los líderes tienen una innata aptitud para manipular con arte y gracia, constantemente, sin agotamiento y con exquisita rigurosidad. Lo demás son auténticas paparruchas!

Manipulan a los demás para conseguir el efecto de empatía pero les trae sin cuidado la connexión humana si no reciben algo a cambio.

Se adaptarán a distintos perfiles, manipulándose a si mismos, a los demás, a las cosas y el entorno siempre que con ello vean perdurar o engrandecer su liderazgo.

Juegan con la retroalimentación, los premios y castigos y el reconocimiento para que el equipo trabaje según lo que ellos pretenden, con la falsa sensación de unidad o equipo. O la sensación real de unidad: el líder.

Y no es fácil. No todo el mundo es capaz de ejercer esa manipulación, esa presión, de tener ese plan en mente y ejecutarlo constantemente. 

Además, no critico a los que lo hacen cuando su manipulación tiene un fin lícito y en las formas se respetan los límites de la decencia. Pero sin el adecuado contexto de fondo, eso es en general difícil de poder evaluar.

Así que no quisiera desanimaros… Si no sois capaces de manipular, da igual vuestra experiencia, vuestros conocimientos, vuestro plan y alianzas: fracasaréis. 

En algún punto de mi vida, me dieron «el manual» y las herramientas y la ayuda para aprender a manipular. Me dieron el estatus y el entorno. Y me dijeron «anda niño, empieza…». Me asusté. Vi lo que querían. Observé lo ruin y vacío que era. Me aterró pensar en qué me convertiría. Y al inicio tuve suerte: mi propia incompetencia me impidió ejecutar. Como al adolescente al que le sienta mal su primer cigarrillo y conseguirá no volver a fumar.

Los loosers no sabemos manipular o lo hacemos mal, o acabamos con ese miedo o incompetencia que transforma lo que hacemos en una chapuza inacabada, devolviéndonos a nuestro lugar… el fracaso. 

Siempre quedará la respuesta a la eterna pregunta: ¿Que es mejor: fracasar o triunfar manipulando?

Soy un looser, en febrero, en un país en plena pandemia manipulado por unas elecciones sin sentido, pero sigo siendo un looser.

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