El gran looser se equivoca muchísimas veces. Pero eso es evidente: por eso es un looser. Por eso es grande!

La noche del jueves al viernes no dormí demasiado. Lo pasé una y otra vez interpretando susurros. Mirando cómo una estrella jugueteaba con mis ojos. Y esperando un mensaje que no llegó.

El gran looser se precipita. Su impulso supera su capacidad mental. La espera le atormenta cuando necesita datos, o una señal o información que no puede completar. Y no puede demorarse. Se mueve sin cesar o hace una lavadora, a 30 grados, 500 rpm y programa sintéticos, sin importar la hora o el ruido que pueda hacer.

Se fue el tren pero no lo vi partir. En realidad siempre sucede eso. Pero imagino su recorrido: cómo se abren las puertas en cada estación; cómo la gente sube y baja sin cesar. Sólo quiero un asiento. Alargar los momentos o fundirme en el tren.

La mente de un gran looser es compleja. Y entre tanta complejidad se amontonan fallos aislados, que cuando se cruzan entre sí producen chispazos. Como por ejemplo el de hundirse hilvanando una teoría llena de preocupación.

En ocasiones, hay grandes personas que, por difícil que parezca, con dos palabras y media mirada, son capaces de  reflotar a un gran looser. 

Parece mentida que estas grandes personas se fijen en nosotros. Y que además tengan la paciencia de ayudarnos. Por que en ocasiones no aprendemos, no escuchamos, nuestro orgullo nos hace perdedores.

Espero no haber defraudado a esta gran persona.

Espero estar un poco a su altura, aunque sea un looser,.

Espero que me siga ayudando y haciendo mejor persona.

Espero que me vuelva a rescatar en el futuro…

 

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