No te ayudé. No estuve contigo. No merezco ser tu amig@. La verdad que no se por qué sigues hablándome y aun queriendo quedar conmigo. Y es que atendiendo a la definición, estaría más cercano a ser un enemig@, o, si me apuras, un desconocid@…

Es muy fácil actuar cuando el tiempo ha pasado, después de la crisis, después que las cosas malas pasen, cuando, a pesar de no estar recuperad@, hay una cataplasma de tranquilizantes o algodones del olvido.

Así no vale y lo siento. Pero sentirlo sirve de poco. Preguntarse “¿Por qué no he estado?” quizás sea algo mejor, como mínimo para que en el futuro trate de adelantarme y evitar que suceda.

 

Quizás es algo personal pero cuando te pasan cosas que te dejan “tocado” (o directamente “hundido”) suele sobrarte la gente: quieres recogerte en tu dolor. Pero sí que sueles necesitar a personas muy concretas. Y pasa a menudo que esas personas, por mil cosas, no están contigo. Son los que te han dejado tirad@, los que han pasado de ti o te han dado mucho menos de lo que esperabas… A algunas de ellas las perdonas, no importa lo que hagan o no hagan por que están por encima de ello: siempre serán tus amig@s. A otras, como los votos dudosos en un proceso electoral, acabas por tener claro que No querrás ya nada con ellas en el futuro: se han retratado. Y en un tercer grupo quedan personas para las que necesitarás hablar en algún momento: te han defraudado y las tenías en un pedestal.

 

Cuando contactamos con personas que han tenido un grave percance, con la que no hemos interactuado ni ayudado en el momento de dolor, solemos decir que “No queríamos molestar”, “Pensábamos que necesitabas estar sol@”, “Me acordé mucho de ti pero no encontraba el momento”. Gilipolleces: ¿Has estado dando el callo y apoyando con tus palabras, con tus miradas, con tus gestos o abrazos, aun en tiempos de Covid? ¿O has pasado de todo? ¿Eres un amig@ de verdad? ¿O eres un triste mensaje de whatsapp?

 

Lo siento. Soy un triste mensaje de whatsapp al que hace unos días pusiste voz por unos minutos. No me siento mejor después de decirlo o de escribirlo. Creo que incluso me siento peor.

Soy un looser

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¿Véis que fácil? Acabas los textos con un «Soy un looser» y tan panchos. Es como cuando eras pequeño: «peste alta», te ponías en un sitio alto y… salvado, intocable. 

Quizás sorprenda a esa persona a la que he fallado. ¿Que no? …. que poca confianza que dipositais en mi…

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