O ser útil?


Un gran líder, amigo, compañero y coach me hizo esta reflexión más de una vez a lo largo de nuestra trayectoria profesional. De hecho, diría que me la repitió esta misma semana…

Así que no me atribuiré los méritos de la misma: son todos suyos!

Tengo que reconocer (soy muy lento de reflejos), que me cuesta asimilarla y, sobre todo, incorporarla a mi “arsenal” de conocimientos.

Y es que las personas somos “de una determinada manera” y la predisposición para moldearnos varía enormemente en función de ello.

Querer tener la razón no es, en absoluto, algo negativo.

Siempre razonando, abiertos a incorporar nuevos argumentos, contexto y detalles que podrían matizar, e incluso cambiar, esa opinión… que al principio se muestra tozuda, tenaz,… resistente a ser alterada.

Al contrario, robustez, entereza y seguridad son instrumentos clave de los líderes que persiguen algunas organizaciones. Aun en el año 2022.

No lo discutiré. Ahora. Seguramente en determinadas funciones son aspectos fundamentales y determinantes.

Pero,

¿Eso nos hace más útiles?

¿Más óptimos para desarrollarnos?

¿Mejores en definitiva?

Seguramente NO.

El fin de semana pasado, un colega me explicó un par de situaciones que le sucedieron en su empresa. Y fue ese tipo de explicación que perseguía un “refuerzo positivo” del estilo “Estarás de acuerdo en que hice lo que tocaba”…. Pues nada más lejos… En lugar de eso se encontró con un “¿Y esto que has hecho, crees que es lo más útil que podías hacer para tu empresa en estas circunstancias?”.  Se dio el silencio.

……

Para no dejaros en ascuas, y resumiendo los casos en cuestión, eran dos correos que, enfurecido, envió a compañeros (y a los gerentes de la empresa) tras sendos errores (graves). Errores de calado en un proceso productivo que, a su vez, provocaron el enfado de los clientes, la devolución de los pedidos y la repetición de los trabajos.

Los correos estaban articulados con todo el sentido del mundo. Eran duros (por no decir muy duros): en cada uno se planteaba el error, se buscaba asunción de responsabilidad a la vez que incesantemente preguntaba por las causas raíz. Pero estaban plagados de arquetipos de la época Hitleriana del tipo “es increíble que”, “no puedo entender por qué”, “me parece lamentable que” con incluso trazas de “como tienes la desfachatez de”, “debes reconocer que” y sentencias apisonadoras/amenazantes estilo “esto no puede continuar así” y el destructivo «vamos a tomar medidas».

No cabe duda: mi colega tenía RAZÓN. Así lo demostró e hizo público: con apabullante robustez, entereza e impertérrita seguridad.

Pero en ese caso, como en muchísimos otros, tener razón probablemente no fue lo más útil. Eso sí: se “despachó” a gusto.

Nos pasamos largo rato debatiendo (bueno, igual fue disertación mía y punto) las alternativas “en la forma de comunicar” (ya para casos futuros), evaluando los pros y contras de cada una. Sobre todo evaluando la UTILIDAD (Acción à Resultado).

Me gustó la frase, su frase, con la que acabamos la conversación: “Dios mío, …, aunque tengo razón, el lunes voy a tener que pedirles disculpas”.

Bravo por él! Entendió, más rápido que yo, la inutilidad que la razón puede suponer cuando se aplica sin control.

El ejemplo es un caso muy sencillo y quizás evidente. Claro que sí. 

Cuando vamos subiendo de nivel y responsabilidad es como si se aposentara con nosotros una capa de «razón pura» tipo mezcla entre pintura y cemento. En casos extremos hay «auténticas piedras graciosamente adornadas»  y llenas de razón… Y de una inutilidad que clama al cielo!

La clave, y dificultad, está en ver si estamos conjugando bien el binomio razón – utilidad en nuestro día a día.

Y todos necesitamos ayuda en ello. A veces hay que hacer caso a “señales”.

En ocasiones, como la del ejemplo, hay que explicar las cosas (suele ser indicio que “algo” no acaba de encajar contigo mismo).

Hay que reflexionar sobre lo que hacemos, cómo lo hacemos y pensar, si estamos encerrados en nuestra razón o abiertos a, sin obviarla, encajarla en la realidad, en la utilidad, en la (como dicen ahora) sostenibilidad de nuestro trabajo, de nuestras relaciones a corto, medio y largo plazo, ….

 

Por cierto: no le dije en ningún momento a mi colega que se equivocó. Eso sería anteponer mi razón a la suya. Sólo le plantee alternativas a lo que había hecho. Yo no quería tener razón en hacerle ver que “muy probablemente cometió un error». Sólo quería que se llevara algo útil…. 

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