Y empezó este mayo del 22 con una proyección de vídeo: compleja, extraña, al menos poco convencional, aquí, en Barcelona, en el Centre d’Art Santa Mónica. No más de 15 personas. Recuerdo salir del trabajo, y justo antes, un compañero me dijo algo que podría resumir en «el arte es imprescindible para que todo aguante, para que sigamos vivos, imprescindible«. Pensé que era una conversación justa para prepararme para la proyección que iba a ver.

Quisiera decir que disfruté de la proyección. Quisiera. Pero no. Fui poco capaz de empezar a dejar ir mi imaginación, a aterrizar lo que veía en mi mente «ingenieril» desactivando «las funciones de decodificación estándar». Pero me sacó de mi zona de confort. Una sensación «extraña» se empezaba a apoderar de mi. Me gustaba. Me incomodaba. Me atraía. Me asustaba.

Recuerdo también, varias conversaciones que tuve al final de la proyección. Un amigo de la autora, en concreto, me dijo exactamente las mismas palabras que mi compañero del trabajo. Y lo siento pero, no creo en las casualidades. Soy amante de las probabilidades. Eso me aturdió.

Y siguió mayo con una visita a Madrid. Y yo sólo tenía un secreto deseo: visitar alguno de los grandes museos. ¿Qué fácil de cumplir verdad? Se cumplió!

La sensación se repitió. Alguna extraña razón me atraía a los cuadros. No a todos. Perdí al grupo que decidió seguir su visita y dejarme disfrutar de mi adolescente excitación. Me encontré ante un cuadro, con mis sistemas de decodificación inactivos pero mis sentidos y mi mente abierta a capturar… Sensaciones… Y luego otro. Y otro… Y muchos más…

No se de arte. No se de muchísimas cosas. Sólo soy un simple ingeniero, reconvertido a financiero, estropeado por demasiada consultoría y procesos de certificación, abrumado por la sostenibilidad y un paupérrimo escritor.

Pero desde la humildad y el desconocimiento, sólo puedo decir que mi compañero y mi conversador anónimo tienen razón: necesitamos arte. Es imprescindible que personas inquietas, despiertas, abiertas y extraordinarias expresen, de la forma que sea, su arte, y construyan historias (para mi universos paralelos) que nos hagan «sentir».

Arte.

Pero es igual de imprescindible que, los que como yo, no sabemos disfrutarlo aprendamos. Nos expongamos. Y nos dejemos llenar (¿Usted quiso decir «llevar»? También: Llevar y llenar!)

Los que ya lo disfrutáis en cualquiera de sus facetas y descubrís a menudo esas «sensaciones» que produce pensaréis… ¿Y hasta ahora no te has dado cuenta? Les contestaría que relativamente…

Pero sí por ejemplo descubrí…. Esto…

Francis Picabia. Estuve largo rato en este cuadro. En real un lienzo del tamaño de una persona. El cuadro me atrapó. Me fundí en la imagen superpuesta pensando que llevaba una máscara y admiraba a la mujer. Mi mente luego pensó en quién y porqué pinto eso así. Pensé que era una suciedad superponer dos imágenes. Pero que a la vez me gustaba. No traté de entender los trazos rectos por doquier. Simplemente estaban.

Al llegar a casa profundicé. Yo no se nada de arte. Y me encantó el movimiento que siguió Picabia. Y seguí descubriendo… Fuera de mi zona de confort… De mi experiencia como consultor, o ingeniero, o auditor, …,

Descubrir nuevas sensaciones nos llena de vida,…, Harto de sensaciones negativas, descubrir algo que simplemente es tuyo, compartiéndolo o no, es fantástico…

Dejaros llevar por estas sensaciones… La entrada no es barata, pero os ahorrareis horas de psicólogos y hasta de Coachs…

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