Una de la madrugada. Lunes 27 de abril de 2020. Si estoy escribiendo es por que soy un looser y me han eliminado de los torneos dominicales. Una pena.

Hace unos 90 días fue mi cumpleaños. Lo celebré con un día libre y fuí, sólo, a Montserrat. Como estaba pendiente de mi diagnóstico sobre dolores en la espalda decidí subir en cremallera. Dentro del tren: todo orientales. Quizás eran de Wuhan. Recuerdo que me tapé la cara y traté de buscar un sitio alejado de mis chinos amigos. Que curioso: hace 90 días no imaginé que esto sería tan grave, sólo pensé, ¿Y sí me contagio?

Una y quince de la madrugada. Sí: 15 minutos para 5 tristes lineas. Que barbaridad! Pero, ¿Qué queréis? Somos loosers!

Quería escribir sobre cómo me siento: cansado. Estoy algo cansado de ir persiguiendo a todo el mundo para todo. En realidad, no estoy cansado de esto. En realidad estoy cansado que, cómo todo el mundo quizás me ve fuerte, decidido, resolutivo, proactivo pues no se, …, como que se aprovecha de ello. Es complicado de explicar.

Hace mucho tiempo que nadie me pregunta cómo estoy. A lo sumo uno de mis amigos. Pero con taaaan poca frecuencia. No me quejo. Bueno sí. Si me quejo. Cuando murió mi padre, me sentí tan solo. Y no lo estaba. Pero cuando muere alguien que te importa de verdad, además de la familia, necesitas mucho apoyo, todo el apoyo. Por eso me sentí solo. 

Cuando pasan cosas duras: la muerte de un ser querido, esta pandemia que estamos atravesando justo ahora, una gran desgracia o accidente o una enfermedad …. Cuando pasan estas cosas la gente de tu alrededor reacciona de forma sincera: si no están, si no te llaman, si no se comunican contigo, si no…. si no ocurre todo esto: la gente de tu alrededor, quizás no te quieran mucho. O puede que te tengan miedo y por eso no se acercan. A lo mejor no les importas en absoluto. Puede que te vean bien y no crean necesario ni tan solo unas palabras o un abrazo. Podría ser que sus propios problemas no les dejen hacer lo que querrían. Menudos problemas pues! ¿Quizás debería llamarlos yo y decirles «hola, ¿estáis bien? ¿Os ocurre algo?»

Una y veintidós de la madrugada. He triplicado el número de lineas en casi la mitad de tiempo. Que barbaridad! Si es que cuando me pongo, me pongo…

Pues eso es lo que me pasó a mi entonces, cuando murió mi padre. 

Seguro que el responsable de todo esto soy yo. Yo y mi forma de ser. Claro que sí: recuerdo que algunos de mis mejores amigos me decían que era un insociable. De eso hace muchos años. Creo que tenían razón. Pero cambié. Cambié por el trabajo, por que si no empatizaba con la gente no podía prosperar. Pensad que yo era algo «friki» informático (debo seguir siéndolo pero está escondido). La verdad que cambié mucho. Lo que pasa que cuando fuerzas las cosas, si tensas demasiado la cuerda, se rompe. 

Esto también me pasó: creo que me saturaron de socialidad (¿Puede eso suceder? Pues sí!) y como una vieja computadora «abendé» (me quedé colgado, pantalla azul de windows,…), exploté en mil pedazos. Aun queda alguno de estos pedazos: lo uso para seguir trabajando, junto con cuatro neuronas «arrejuntadas». De hecho son pedazos, cabeza, brazo, cuerpo y piernas. Poco más. Trato de recomponerme pero ando algo como un programa desconfigurado: según una función aleatoria (que no controlo) opero como toca pero a veces «patino»… Si es que la abundancia de socialidad es muy nociva. Suerte de este confinamiento: aquí recogido, con la familia que quiero un montón y lejos de tener que socializar demasiado. Los pedazos se han hecho muy grandes: casi tienen entidad propia. 

Pienso que cuando uno no es correspondido es por que no lo quieren, o muy poco. Me siento bastante repudiado, la verdad. Es como que he hecho muchas cosas por todo el mundo, y me preocupo mucho por todas esas cosas que hago para todo el mundo. Pero ¿Qué hace el mundo para mi? Da vueltas! Si claro, eso como poco…

¿No os he dicho que los loosers tenemos actitudes muy infantiles? Yo creo que si las superáramos, podríamos llegar a lo que quisiéramos (pero no lo digáis por aquí que luego esta tierra rebosará de winners!)

Una y treinta y siete de la madrugada. Ya no me apetece contar lineas por que he releído el texto y me he entristecido: cuando uno hace las cosas de verdad no espera (y no persigue) nada a cambio. Precisamente eso: debo cambiar.

Una cuarenta y siete de la madrugada. Diez minutos después, no se me ocurre nada nuevo. Estoy cansado. La música ha parado. Mejor ir a dormir.

Nota: no hagáis caso de la fecha y hora del documento, está en horario EEUU y claro, faltan algunas horas…

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