Este texto está dedicado a un hombre cualquiera. De una ciudad cualquiera. Un hombre hábil y bueno. Un hombre que vivió para y por nuestro sistema, acatando sus directrices, siendo fiel a la premisa de trabajar, trabajar y trabajar. Para ganar dinero, mantener una familia, comprarse una casa, un coche, ir de vacaciones en verano y seguir trabajando y trabajando y trabajando. Un hombre que esperaba descansar llegada la jubilación, después de su intensa dedicación al trabajo que tanto le pidió «nuestro sistema».

Pero no.

El sistema no le dejó.

El hombre enfermó justo unos meses después de jubilarse. Una enfermedad larga y cruel, de las que destrozan a toda la familia, de cansancio, de pena y de angustia.  

Para aguantar el día a día de lo que le exigía el sistema, tuvo que medicarse durante toda su vida. Posiblemente esa medicación fue la que le causó mella y le hizo enfermar. Justo cuando debía disfrutar de su vida… Simplemente no pudo…

Vivir en el sistema. Si no lo hacemos somos bichos raros. Hay que seguir a la mayoría. Incluso los que dicen «vivir de forma diferente», de forma «alternativa», sólo hacen que engañarse a si mismos por que… están igualmente sometidos al sistema. Y los que de verdad viven a parte del sistema, deben sufrir las consecuencias de su «anarquía» vital….

Entonces… ¿Qué demonios debemos hacer? ¿Vivir para y por el sistema devotamente? ¿Aunque ello nos convierta en modernos esclavos? O por el contrario… ¿Vivimos ajenos al sistema repudiando sus directrices, sus leyes y obligaciones? ¿Aunque ello nos convierta en seres irresponsables, indignos de cualquier ápice de respeto?

No encuentro una clara respuesta a estas preguntas. Algo me falla.

La experiencia te enseña que los extremos son complicados. Tanto uno como el otro. Pero en estas cuestiones, el término medio puede ser difícil de ver… 

Creo que es nuestro deber estar en el sistema. Por que formamos parte de una sociedad, por que la anarquía es un sin sentido, por sostenibilidad de nuestro mundo, por respeto a nuestros congéneres y a los que aun están por llegar.

Pero debemos escuchar a nuestro «diablo» anárquico: cuestionémonos lo que hacemos y por qué lo hacemos. La sociedad y su sistema no son perfectos. Para nada. Lo sabemos. Reflexionar sobre ello, gracias a nuestro «diablillo», nos puede llevar a cometer errores. Imprudencias. Ilegalidades. Sí. Seguro que sí! Pero a veces, estos actos modificarán el sistema, lo perfeccionarán. Y sobre todo podrán impedir injusticias cómo la que le ha sucedido a este hombre… 

Seguir el sistema a rajatabla, sin cuestionarse aquello que «no compramos», sin buscar alternativas a lo que no nos gusta, posiblemente nos hubiera dejado un mundo en el que aún todos creeríamos que es plano…

Ese hombre, al que tanto amo y admiro, quizás sólo cometió, sin quererlo, un error… Es posible que esas pastillas que en su vida tomó dejasen a su diablo KO, sin la posibilidad de plantear las preguntas que todos necesitamos hacernos:

¿Podría haber vivido de otra manera? ¿Estoy a tiempo de hacerlo?  

Busca la forma de vivir como quieres, aunque eso signifique romper un poquito este sistema tan prefecto que tenemos.

Sino, el sistema acabará por romperte a ti.

Palabra de Looser

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

You may use these HTML tags and attributes:

<a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>