¿No os habéis sentido nunca «un adorno»? Yo sí.

Un mero y miserable adorno floral… Algo accesorio, anecdótico el hecho que esté o no esté… 

Como ese regalo feo que no puedes decir que no te gusta y tirarlo a la basura. Algo hace que no lo tires pero lo guardas donde no se vea o lo pones donde no moleste demasiado. 

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Como ese abrigo poco útil y molesto, demasiado fino para el frío de la mañana, demasiado grueso para el calor de la tarde.

Como ese rincón de la casa, que sabes está desordenado, no te gusta, y que sabes que algún día tendrás que limpiar o ordenar, pero a la vez es un espacio medio muerto, que tampoco te preocupa mucho, y que… Ya lo harás…

Como ese mensaje en un chat al que nadie responde o al que nadie se apunta por que da más pereza que  madrugar en año nuevo.

Como esas luces de navidad que alguien ha dejado en su balcón, que en su día brillaron, pero que después de un año se han ensuciado en el olvido de lo que fueron.

Empieza octubre y me siento así.

Mis amigos no me llaman si no los llamo yo. Ninguno me preguntó cómo estoy, cómo me siento. Ninguno me invitó a una comida o a un mero café para hablar. Ninguno me llamó por mi cumpleaños. Bueno sí, uno, pero porque debe tener una alarma en el móvil. ¿Soy para ellos un adorno? O quizás ni eso… A veces pienso que si muriera, a mis seres queridos allegados igual les mandaría el pésame por whatsapp.

En el trabajo ya no cuento para las cuestiones trascendentales. Mi opinión debe ser, cómo dice la canción, «una opinión de mierda» por que ni la piden. Apartado de las áreas «estratégicas» o de aquello que es vital para la organización, soy un adorno, si queréis caro, pero adorno al fin, apartado en un rincón, un rincón en el que no moleste mucho, …, que no lo vea nadie,… que no lo vea nadie….

Este texto, este espacio,…, es un adorno, que nadie consulta, que casi nadie ve, que a nadie le importa y que únicamente, alguna vez, ha sido poco más que molesto…

Soy un adorno incluso para la propia definición de la palabra (según RAE, como primera acepción: «Aquello que se pone para la hermosura o mejor parecer de personas o cosas.») por que sólo entraría en su acepción adjetival «de adorno»: «Que no hace labor efectiva».

Pero como looser, estoy de 100! Un buen looser tiene que ser un adorno, tiene que sentirse adorno, tiene que vivir y actuar como un adorno.

¿Y cómo se vive o actúa cómo adorno? Eso lleva tiempo explicarlo, detallarlo bien, un conjunto de actividades rocambolescas, a cuál más compleja y minuciosamente pensada pero que al fin… ¿A quién le importa?… Es actuar… Para nada…

En estos primeros días pre otoñales me he sentido ninguneado, olvidado, humillado y menospreciado. Alguna mañana he despertado con ganas de escapar a un lugar en el que no moleste, en el que pueda estar rodeado de otros como yo… Quizás haya un lugar para mi en una de esas tiendas chinas de baratijas, entre los pintauñas de colores, justo al lado de un disfraz de hortaliza. 

Alguna mañana he sentido unas enormes ganas de llorar, de despreciarme aun más por que no veo nada a futuro que vaya a cambiar esto. Pero al final, ateniendo a lo que soy, me he tranquilizado diciendo… «Soy un adorno pero un gran looser» Y eso amigos, tampoco es tan fácil.

Nota: para los que no lo sepáis (yo era uno de ellos) la foto destacada es de  Theodor Wiesengrund Adorno. Fue un filósofo, musicólogo y sociólogo alemán, así como uno de los representantes más importantes de la teoría crítica de la escuela de Frankfurt y de la filosofía marxista. Vamos… todo un «Adorno».

 

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