¿Revolución?

Empezamos octubre con una revolución laboral. Una de aquellas que te coge en un momento de tu vida donde pensabas que podrías tener una nueva oportunidad para dar de sí todo lo que llevas dentro y de esta manera impulsar un punto de inflexión ilusionante…

Los cambios, y me ciño al entorno laboral, son a menudo necesarios. En mi caso personal, sea por que los persigo, sea por que me persiguen, los vivo con regularidad: aproximadamente cada 3 o 4 años a lo sumo. Pero discrepo en lo que todo el mundo dice: «son siempre buenos». Eso lo dicen para que tengas una actitud positiva ante los cambios, para que no te amilanes, para que sacarte de tu zona de confort sea algo liviano. No nos engañemos: hay que analizar el motivo de los cambios, hay que ver cómo se explican, cómo se diseña la transición y cuál es el punto de destino. Y luego los resultados del cambio. Con esa foto decidiremos objetivamente si el cambio «es siempre bueno».

«Me gusta ir a coger setas. No domino más allá de 10-12 especies comestibles y otro tanto de las tóxicas. Antaño siempre cogíamos un día al año con unos amigos e íbamos donde mi padre me enseño de pequeño (en realidad se lo enseñó a mi hermano por que a mi, la verdad, en esa época, no me interesaba mucho). Cuando pasas un día buscándolas, luego por la noche, al cerrar los ojos, las ves por todas partes; en serio, es super curioso. Pero el cansancio acumulado se compensa con el comer un buen plato de níscalos a la brasa o unos huevos revueltos con trompetas de la muerte (menudo nombre, por cierto).«

Algo muy curioso que nos ha sucedido, en esta revolución forjada desde hace meses y consumada en un par de días: apenas nos han explicado el motivo del cambio. Han tenido mucho tiempo para hacerlo no obstante, han usado el estilo moderno y ejecutivo de explicar cambios laborales: «Aquí te pillo, aquí te mato». Y, como siempre, obstinado en buscar explicaciones, me pregunto ¿Por qué?  Y sólo tengo dos respuestas, que son la misma:

  1. No importamos un carajo pero nos necesitan como remeros (quien va a ejecutar el trabajo sino): que bien, somos «necesarios» en algo!
  2. Claro que importamos! Es que hay tantos follones que primero nuestros ejecutivos han solucionado lo relevante y después lo… lo… pues eso… que no importamos…

 

«Mi padre sabía uno poco de micología, aunque no era una ciencia cierta para él (jajaja): siempre acabábamos el día con mis amigos en mi antigua casa y ahí separábamos las setas y desechábamos las tóxicas. Mientras lo hacía, en su cara, tenía un brillo tan especial… y a mi eso me encantaba: era nuestro momento de conexión…«.

 Alguien debería conocer el  círculo dorado de Simon Sinek, haberse inspirado en él a la hora de pensar y desplegar el cambio, por que realmente es una buena forma de conseguir convencer transformando (a uno mismo y a los que tendrán que vivir, trabajar e impulsar ese cambio):

Empieza una transformación, una ¿Revolución?, un cambio laboral, voy a hacer cosas distintas, se con quién, se el qué (los resultados) pero no se ni como y sobre todo no se por qué: justo al revés de lo que nos explica Simon que ha sido, es y será, el secreto del éxito de las empresas. 

No importa. Negarse a este cambio es como intentar nadar a contracorriente cuando han abierto las compuertas de un pantano: estúpido e imposible. Déjate llevar y como ya os contamos allá en el mes de abril (con el mito del ave fénix: resiliencia y transformación)… reinvéntate… 

Alguien dirá, «este hombre está justo en la etapa de asimilación, subfase de negación; ya evolucionará y acabará aceptando el cambio. Ahora es normal que se encuentre así». Posiblemente tenga razón. Aunque, pensándolo bien, curtido en unas cuantas batallas, yo diría que hace meses que he anticipado ese cambio y lo he aceptado. Creo que voy bastantes jugadas por delante en la partida, dominando las posiciones clave del tablero, aunque empiezo a pensar que el buen ataque de las negras logre diluir mi ventaja…

«De la poza conocida como el Gorg dels Banyuts cuentan que cada noche, entre las diez y las doce, sale del infierno el fantasma del Compte Arnau. A lomos de su caballo negro, rodeado de fuego y acompañado de una jauría infernal, se lanza a una cacería nocturna por las tierras de Gombrén, Ripoll, Montgrony y Mataplana, en la comarca del Ripollés. El canto de un gallo negro en la roca escarpada llamada Crest del Gall avisa al diabólico conde de que su peculiar recreo acaba y debe regresar al averno«.

Cómo podréis deducir, más que nada por que soy un Looser, no he salido bien parado en esta transformación. En realidad nadie de nuestro grupo me parece que haya tenido «un buen cambio»: para empezar por qué ni me han pedido opinión o consejos (eso para mi es incluso más importante que el resultado final, fíjate tú…); para continuar por que el tiempo invertido para explicármelo y la información usada para ello ha sido, digamos que mejorable (otro punto que valoro muchísimo); y para acabar por que, en el nombre del nuevo destino (no tengo mucho más contenido con el que trabajar) no veo aprovechado mi potencial, mis fortalezas, mis virtudes… Ni siquiera podré desplegar todo aquello que conviene tanto a mi empresa para que tenga éxito en el futuro (la empresa, mi éxito es harina de otro costal) y para que nuestros clientes perciban un mejor servicio.

«Siempre pienso, en las tardes de otoño, cansado de perseguir setas, caminando sin un rumbo claro, que un día conseguiré ver al fantasma del Compte Arnau y con un gesto me conducirá a una sombría zona de bosque espeso, recóndito lugar donde, dejando atrás miedos, fobias, preocupaciones, deseos incombustibles, etc…  podré volver a ver ese brillo en la mirada…«.

Hay una falsa creencia que dice que «Una vez has tocado fondo ya no puedes ir a peor».
Claro, físicamente es verdad: al estar al fondo no hay posibles caídas por efecto de la gravedad. Estás ya abajo! Pero cuando estás en el fondo te das cuentas que hay «muchos tipos de fondo», que no todos son iguales y que el efecto que pueden tener hacia ti es radicalmente distinto.

Empieza octubre… y el brillo en mi mirada ha desaparecido…

No importa.

Me transformaré, de nuevo, y desplegaré mis «por qués» en esta ¿revolución? y futura vida laboral (aun no es presente aquello que no sabes cómo vas a vivir).

Soy un Looser

 

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